El Hospital Sª Mª Magdalena un monumento para Almería

Más de 120 Amigos de la Alcazaba hemos podido disfrutar, en tres visitas privilegiadas, el Hospital de Santa María Magdalena. Un edificio que hace unos años era una ruina, que hoy se nos devuelve como un monumento y que muy pronto se convertirá en el Museo del Realismo.

Amigos de la Alcazaba venía reivindicando desde 2006 este edificio, aunque con un cierto pesimismo por la dinámica patrimonial de la ciudad y el deplorable estado de conservación en que se encontraba, como pudimos comprobar en varias visitas autorizadas de la Junta Directiva.

Hace 7 años tuvimos el compromiso del actual presidente de la Diputación (entonces vicepresidente), Javier Aureliano García, de que el proyecto saldría adelante, sabedor del enorme desafío económico que supondría. Este compromiso político ha sido determinante para la recuperación del edificio civil más antiguo de la ciudad. Así lo hemos podido comprobar en estos años, en los que el presidente de la Diputación, personalmente, ha acompañado a los Amigos de la Alcazaba con visitas para mostrarnos el estado del Hospital y las ideas para convertirlo en un elemento dinamizador del Casco Histórico almeriense..

Siglos de atender la función sanitaria y de continuas obras, llegaron a ocultar muchos de sus elementos destacados, como el gran artesona mudéjar (el más largo de un edificio civil de España) o a perderlos, como la escalera de Juan de Orea (destrozada y oculta durante 75 años). Por ello, al hacerse realidad de proyecto de restauración del edificio y abrirse sus puertas, los almerienses han quedado satisfechamente sorprendidos de su belleza, de su historia. Nos queda la satisfacción añadida de que el proyecto se ha llevado a cabo, de forma respetuosa y bien documentada por un equipo de trabajadores públicos de la Diputación, encabezado por el arquitecto Alfredo Garrido.

Tras 500 años el Hospital Sª Mª Magdalena ha sido un elemento fundamental en la historia de la sanidad almeriense, con innovaciones como la instalación de un solárium en el siglo XVIII, de acuerdo con las nuevas concepciones de la Ilustración, o como de haber sido testigo en 1801 de la primera operación de corazón, a un enfermo que sobrevivió. Ahora echa el telón a esa función sanitaria y esperamos pronto decir “arriba el telón” a su nueva función cultural: ser el Museo del Realismo.

 

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