«La Catedral de Almería, el sueño de Fernández de Villalán» (Artículo de José Luis Pascual. Ideal, 15-5-2016)

El que fuera obispo de Almería en 1523 superó los recelos sociales para impulsar una gran obra que fuera referente del culto y una fortaleza

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Foto de Domingo Leiva

«Que Almería contara con una catedral fue el gran objetivo que se marcó Fray Diego Fernández de Villalán, nombrado obispo de la provincia en 1523 y que consiguió sacar adelante su proyecto pese a las trabas con las que se encontró en un momento social muy complicado por culpa de la escasez de recursos económicos. A la pobreza que sacudía a la gran mayoría de la población hay que sumar el hecho de que los nobles tampoco acabaron de sumarse a esta iniciativa, todo lo contrario, mostraron su rebeldía una vez que se les invitó a participar en su financiación. De fondo, estaba el hecho de que la Iglesia había ganado mucho protagonismo en el control de sus feudos, lo que les alejó de la institución.

La zona de la Almedina fue la primera que se barajó como posible enclave de la Catedral, ya que daba cierta continuidad tanto a la Mezquita como a la primera Catedral que había quedado destruida durante los terremotos de 1522.

Las intenciones del nuevo obispo, no obstante, eran bien diferentes y es que quería una identidad propia y ubicarla en un espacio inédito para el culto. Fernández de Villalán ideó una obra que fuera claramente vinculada a su figura y, de hecho, ordenó inscribir su nombre en sus fachadas para que no hubiera ningún tipo de duda sobre su autoría.

La obra vino marcada por la polémica y es que la aristocracia no renunció, con los trabajos en marcha, a tratar de paralizar la nueva Catedral. Entre las quejas que elevaron los nobles estaba el hecho de que en la Almedina tendría una mayor utilidad como puesto de defensa. Aunque en principio lograron su objetivo, la obra se retomó con una fuerte inversión que obligó a la compra de numerosos edificios, la mayoría casas moriscas. Los retrasos en los pagos fueron una constante e incluso el propio obispo donó sus ingresos para recuperar parte de esas deudas. Los almerienses no dieron la espalda a esta construcción y también realizaron sus aportaciones, siendo la Catedral un revulsivo para obreros y artesanos que se encontraban en aquel momento con escaso trabajo. La obra se alargó 35 años, ocupando una superficie de más de 5.000 metros cuadrados y estrenándose como un templo-fortaleza, una alternativa para refugiarse en caso de sublevaciones de los moriscos, árabes o piratas.

Su diseño le convirtió en un claro exponente defensivo, estando sus torreones preparados para posibles ataques realizados con artillería. Este concepto, novedoso en España, era un hecho en otros países europeos desde el Románico, especialmente en naciones como Francia o Portugal que tenían numerosos antecedentes de conflictos bélicos por su geografía estratégica. La Catedral de Almería se plantea como un edificio Gótico con unas fachadas del Renacentismo.

Cada uno de los arquitectos que pasó por esta obra trató de aportar su sello personal, aunque se atribuye a Juan de Orea la mezcla de estilos, no en vano dirigió esta actuación durante 17 años y fue el hombre de confianza de Fernández de Villalán. Otra cuestión es el diseño del edificio donde existen menos referencias, a pesar de haber sido objeto de varias investigaciones».


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