“DESTRUIR LA BELLEZA”, artículo de ANDRES GARCÍA IBÁÑEZ, publicado en DIARIO DE ALMERÍA

Artículo de ANDRÉS GARCÍA IBÁÑEZ publicado en  DIARIO DE ALMERÍA (20 de diciembre) en su sección “RESISTIENDO”.

Andrés García Ibáñez es pintor y director del MUSEO CASA IBÁÑEZ. Amigos de la Alcazaba le concedió su Premio “Alcazaba” 2009.

 

La gente de la Cultura, por lo general, no tiene ni un pelo de tonta. Suelen gastar un talante más crítico de lo normal –salvo la cohorte de prebendados que otorgan silencios legitimadores- y son un  electorado difícil, proclive a la movilización. Cuando un representante político de la administración cultural, indocto y no cualificado para su cargo, hace con frecuencia declaraciones estúpidas en los medios, precipita una importante pérdida de votos para las siglas que lo amparan. La Cultura no suele dar muchos votos, pero sí puede quitarlos en cantidades más que significativas.

En Almería, tierra abonada para el desastre, estamos acostumbrados a concentrar una parte importante de la destrucción que sufre el patrimonio histórico, materializada por la administración competente. Somos banco de pruebas de cuantas aberraciones se le ocurren al técnico o iluminado de turno. En estos días, la muralla de la Hoya es la elegida para un nuevo tiempo de enfrentamientos, vergüenzas y cutrerío al descubierto. Los argumentos aportados por el titular provincial de la Junta son tan ridículos como impresentables. Afirmar que el problema no es más que un anecdótico choque de pareceres estéticos y que, en todo momento, se han usado “criterios científicos” en la técnica empleada, es un disparate monumental. Quien proclama la subjetividad e intrascendencia de lo estético en intervenciones de este tipo debería prescindir, en lógica coherencia, de todo trabajo de arquitecto. Un arquitecto es, antes que nada, un diseñador y un esteta o, por lo menos, así debiera ser. Otra cosa es comisionar malos creativos para proyectos de esta naturaleza.

 Era de esperar; cuando no hay argumentos para justificar el desaguisado se echa mano del relativismo de la belleza y todos a salvo. Nuestro profesor de Historia de la Arquitectura, en la facultad, solía decir que “sobre gustos hay mucho escrito aunque la mayoría no lo han leído”; si a ello le unimos la natural insensibilidad de algunos –plaga en aumento- el escenario es propicio a los engendros. Leonardo decía que “quien no ve la belleza no merece disfrutarla”; yo afirmo –con mi amigo Golucho- que quien no la ve, además, está fatalmente abocado a destruirla. Lástima que los atentados estéticos no vengan tipificados en el código penal.

 Pero los responsables de la “restauración” de la Hoya tienen nombres y apellidos: políticos y técnicos de la administración, facultativos y miembros de la comisión de patrimonio. Habrá que pedirles a todos, públicamente, explicaciones. También al director y técnicos de la Alcazaba, que con sus silencios otorgan aprobación. Explicaciones por haber destruido, entre todos, la belleza de un paraje impresionante con adiciones que son una auténtica mierda.

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