Asociación Amigos de la Alcazaba

Sorbas se alza sobre un profundo barranco como un balcón blanco suspendido entre el cielo y la tierra. Sus calles estrechas y empinadas conducen hasta rincones donde aún late el alma morisca del pueblo, mientras la Iglesia de Santa María, sobria y elegante, observa el paisaje con siglos de silencio sobre sus muros junto al Palacio del Duque de Alba. Los viejos molinos, los puentes y las fachadas encaladas reflejan la luz intensa de Almería con una belleza serena, casi intacta, como si el tiempo hubiese decidido avanzar más despacio entre estas casas colgadas sobre el río Aguas.
Alrededor del pueblo, el paisaje se vuelve casi irreal. El karst en yeso de Sorbas, con sus cuevas escondidas y formas esculpidas por el agua durante miles de años, crea un territorio salvaje y fascinante donde el desierto y la vida conviven en armonía. Entre ramblas, pitas y montañas erosionadas, el horizonte adquiere tonos dorados cada atardecer, y el viento parece arrastrar historias antiguas entre las rocas. Desde cualquier mirador, Sorbas ofrece la sensación de estar contemplando un lugar secreto, áspero y hermoso, donde la naturaleza y la historia se abrazan con una delicadeza inesperada.

PROGRAMA

Por la mañana realizaremos un recorrido de dificultad media, recorriendo algunos interesantes paisajes culturales que rodean Sorbas, donde destacan las playas fósiles y los meandros y tajos de El Afa. Las playas fósiles evidencian que esta zona estuvo cubierta por el mar durante el Mioceno, conservando antiguos depósitos marinos y terrazas litorales que ayudan a comprender la evolución geológica del sureste peninsular. A su vez, el Río Aguas ha modelado profundos cañones, meandros encajados y cortados rocosos que conforman un paisaje singular de gran valor ecológico y escénico en medio de un territorio semiárido.

Junto a este patrimonio natural, Sorbas mantiene una importante herencia histórica ligada a la vida rural y al aprovechamiento tradicional del agua y la piedra. La antigua red de caminos reales articulaba las comunicaciones entre la costa y el interior, mientras que las canteras de sillares suministraban materiales para la construcción de edificios, molinos y puentes. Las huertas tradicionales, organizadas mediante acequias y sistemas históricos de riego, permitieron el cultivo en un entorno seco y dieron lugar a elementos tan representativos como la Fuente de los Caños, centro histórico de abastecimiento y encuentro vecinal, y el Molino de las Canales, ejemplo destacado del aprovechamiento hidráulico tradicional vinculado a la molienda de cereal.


Al mediodía almorzaremos en el Restaurante de las Cuevas de Sorbas.
Por la tarde haremos un recorrido urbano con Alejandro Zamora y Ana María Fernández. El patrimonio histórico de Sorbas tiene en la Iglesia de Santa María uno de sus principales referentes monumentales. Situada en el centro urbano, esta iglesia refleja la importancia histórica de la localidad y combina elementos arquitectónicos de distintas épocas, siendo construida en el siglo XVI y reformada especialmente en el siglo XVIII. Su volumen domina el perfil del casco histórico y constituye un símbolo de la identidad cultural y religiosa del municipio. Junto a ella destaca la Ermita de San Roque, vinculada tradicionalmente a la devoción popular y a las celebraciones dedicadas al patrón protector frente a epidemias y calamidades. Este pequeño templo conserva el carácter sencillo de la arquitectura religiosa popular almeriense y mantiene una fuerte conexión con las tradiciones festivas y comunitarias de Sorbas.

El crecimiento económico experimentado por la localidad durante el siglo XIX dejó también un notable conjunto de palacetes y casas burguesas que todavía hoy caracterizan muchas calles del casco urbano. Estas viviendas, pertenecientes a familias acomodadas vinculadas al comercio, la agricultura o la minería, incorporaron elementos decorativos propios de la arquitectura burguesa de la época, como fachadas simétricas, balcones de forja, grandes portones y patios interiores. Destaca la Casa del Duque de Alba. Su presencia aporta al municipio una imagen elegante y señorial que convive con la arquitectura popular tradicional, mostrando la transformación social y económica que vivió Sorbas durante la etapa contemporánea.

