De la Tradición a la Modernidad en el franquismo

De la Tradición a la Modernidad en la arquitectura y urbanismo del franquismo

Por José María Zamarro

 

  • Amigos de la Alcazaba hace un recorrido desde Plaza de España de Ciudad Jardín a los Pueblos de Colonización, pasando por la vanguardia de la antigua Universidad Laboral,
  • Culmina así el ciclo dedicado al ciclo «DE LA POSGUERRA AL DESARROLLISMO. Arquitectura y urbanismo en Almería (1939-1975», que ha contado con 4 conferencias y 2 itinerarios

Amigos de la Alcazaba ha culminado su proyecto de puesta en valor y difusión de una parte esencial del patrimonio arquitectónico y urbanístico de Almería con el ciclo de conferencias y visitas que bajo el encuadre general de “De la posguerra al desarrollismo. Arquitectura y urbanismo en Almería 1939-1975” se ha venido celebrando a lo largo de este mes de febrero y que ha acaparado un enorme interés ciudadano, con aforos completos en todas sus iniciativas.

Arquitectura y vivienda para después de una guerra”, “La destrucción de la imagen histórica de Almería”, “Los pueblos de colonización” y “La Ley de Memoria Democrática y su aplicación en la ciudad de Almería. Placas, símbolos y calles” han sido los ejes temáticos de las conferencias celebradas, mientras que la visualización a pie de calle de esa realidad a través de las visitas efectuadas se ha centrado en conceptos como “Almería: de la ciudad horizontal a la crisis del desarrollismo” y “De la Tradición a la Vanguardia en la arquitectura almeriense”.

 Esta última visita que ha cerrado este proyecto de conocimiento y comprensión de los cambios que se han producido en Almería en los últimos años ha sido una especie de canto de esperanza, de optimismo, de reconocimiento de que, a pesar de tantos errores, de tantas dificultades y hasta de tantos desaguisados en el planeamiento urbanístico y arquitectónico que se han acumulado en Almería en este periodo, también ha habido una notable capacidad de reacción que ha sido capaz de poner en pie ideas y proyectos de verdadero impacto en materia de arquitectura y urbanismo.

Guiados por Alfonso Ruiz García, historiador del arte y experto de protección patrimonial, iniciamos ese recorrido de la tradición a la modernidad en el espacio singular de Almería que es el barrio de Ciudad Jardín. Proyecto de iniciativa municipal en los años cuarenta bajo la dirección del arquitecto Guillermo Langle, inspirado en las utópicas ciudades jardín del mundo anglosajón, con viviendas unifamiliares construidas con buenos materiales, higiénicas, con espacios ajardinados para una vida comunitaria y saludable, con precios altos y destinadas inicialmente a una burguesía funcionarial local. Un proyecto que era la contraposición a la barriada obrera de los años republicanos, con conceptos ideológicos específicos de la época y bien claros como es el diseño jerárquico, con el poder político bien posicionado en el edificio de la plaza central que hoy ocupa el centro de salud y el poder religioso representado en ese mismo lugar por la Iglesia de San Antonio de Padua, arquetípica iglesia de pueblo, con múltiples referencias de estilos arquitectónicos. Una urbanización cerrada, en su origen aislada del resto de la ciudad y completamente autosuficiente con todos los servicios comunitarios al alcance de sus habitantes. Un proyecto básicamente tradicional al que Guillermo Langle pudo ya incorporar destellos de modernidad en el diseño racionalista de alguna de las viviendas, como esa que aún sobrevive en su estado original en la esquina de la calle América con la calle El Salvador, completamente abandonada y que espera una rehabilitación respetuosa. Una modernidad que recibe un golpe de absoluto vanguardismo con el diseño del grupo escolar Lope de Vega, una arquitectura impensable para la época, 1950, y que sólo salió adelante, como enfatizó Alfonso Ruiz, gracias a que se trató de un proyecto exclusivamente municipal del que, en Madrid, afortunadamente nadie supo nada, y también gracias a que originalmente fue bautizado como Romualdo de Toledo, nombre del entonces director general de Enseñanza Primaria. Todo ello ayudó a camuflar tanta modernidad.

Una modernidad que da paso a la vanguardia más rupturista con el edificio de la antigua Universidad Laboral y que hoy ocupa el Instituto de Enseñanza Secundaria Sol de Portocarrero. Una obra de arte en si misma y una de las más atrevidas, arriesgadas y exitosas interpretaciones de las esencias de la arquitectura mediterránea, como resaltó nuestro guía en esta visita, Miguel Centellas, arquitecto y profesor en la Escuela de Arquitectura de la Politécnica de Cartagena. Obra de Julio Cano Lasso, está en los anales de la arquitectura española como hito indiscutible y referencia ineludible en la arquitectura docente universal. Objeto de tesis doctorales y de visitas constantes de estudiantes de arquitectura de todos los rincones. Pura vanguardia arquitectónica en Almería, en lo que entonces, 1975, era un erial entre una rambla, una carretera local y la pista de un aeropuerto. Un conjunto de volúmenes casi completamente cerrados al exterior, pero que en su interior se abren a una luminosidad que agranda de inmediato los espacios mediante recursos arquitectónicos sencillos como esa decena de lucernarios circulares que transmiten de forma imperceptible la luz natural y esa treintena de patios interiores, adjuntos a casi todas las aulas del centro, que permiten un tránsito luminoso igualmente imperceptible entre el interior y el exterior. Elementos verdaderamente singulares estos patios unidos a las aulas. No puedo imaginar nada más estimulante para un profesor ni más inspirador para un alumno que abrir un lateral del aula y dar y recibir lecciones en estos espacios abiertos, en esos oasis, bajo el emparrado de una buganvilla cuajada de flores. No hay nadie en todo el ámbito educativo español que tenga acceso a esta singularidad, fruto de la inspiración genial de un arquitecto preocupado por el humano disfrute de sus obras. Pura vanguardia arquitectónica en Almería a base de materiales sencillos, mampostería, losetas de gres y aluminio, esencialmente, para configurar un espacio que circula sobre dos ejes que se cruzan perpendicularmente y que en el centro forman una gran plaza, un ágora que aglutina toda la vida del centro. Materiales sencillos que exigen un mantenimiento constante; un mobiliario que en buena parte se mantiene con sus piezas originales en despachos, aulas y laboratorios y que constituyen el quebradero de cabeza diario de la directora del centro, María del Mar Mota, en lucha permanente porque se reconozca la singularidad arquitectónica del edificio que alberga el Instituto y que alguien asuma que cambiar una loseta del suelo o una mesa de dibujo no puede hacerse aquí con los mismos criterios que en cualquier centro educativo andaluz.

Esa vanguardia arquitectónica almeriense tuvo su proyección en diversos puntos de la provincia a través de los pueblos de colonización. Diseñados desde cero en todos sus elementos permitieron poner en práctica modelos urbanísticos avanzados enfocados a generar un entorno de bienestar a los colonos encargados de regenerar un territorio en declive. Estos pueblos de colonización almerienses permitieron ensayar entre 1954 y 1968 soluciones urbanísticas de verdadera vanguardia. 

Amigos de la Alcazaba ha visitado el poblado de colonización de Atochares, en la comarca de Níjar. El poblado mejor conservado de los catorce que se construyeron en toda la provincia, donde aún es posible examinar su trazado original y estudiar las peculiaridades de sus viviendas, algunas casi intactas. El arquitecto Pablo García Pellicer nos desgranó los detalles del planteamiento de estos poblados destinados a unos colonos a los que se proporcionaba casa y parcela de cultivo y que gracias a su enrome tesón y sacrificio están en el origen de la explosión de la moderna y tecnificada agricultura almeriense. Eran poblados con una notable dimensión humana, con un diseño urbano que eludía la monotonía, incluso la fealdad, con viviendas dotadas de los elementos necesarios para una vida rural agradable. Destacan los espacios urbanos, casi peatonalizables, que permiten el paso o transición entre las diferentes zonas del poblado, las viviendas, los servicios, las escuelas, la iglesia. Una iglesia que se conserva intacta con todos sus elementos originales, de la pila bautismal al confesionario, con ese campanario único e irrepetible en los catorce pueblos de colonización que vistos desde la lejanía permiten decir sin equivocarse, ese es mi pueblo.  

José María Zamarro 

Amigos de la Alcazaba

 

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