Jornada «Las murallas medievales de Almería»

La Asociación Amigos de la Alcazaba y el Ministerio de Ciencia – CSIC celebran unas jornadas donde se pone en valor el patrimonio fortificado y se pide mayor difusión, investigación y conservación

Moderada por María Teresa Pérez, presidenta de la asociación de defensa del patrimonio más numerosa de toda la provincia de Almería, cuatro fueron las ponencias presentadas ayer, con la participación de Antonio Orihuela Uzal, Investigador de la Escuela de Estudios Árabes – CSIC; Pedro Gurriarán Daza, arquitecto restaurador; Jorge Lirola Delgado, profesor de árabe de la Universidad de Almería; y Lorenzo Cara Barrionuevo, arqueólogo medievalista.

Previamente a las ponencias, se realizó una visita guiada al Centro de Interpretación Puerta de Almería, donde se encuentra parte de la muralla fundacional de la ciudad

 


Resulta difícil de creer que una fuente inagotable de conocimiento, como son las murallas medievales de Almería resulten tan ignoradas por parte de las administraciones que deberían garantizar la conservación, estudio y difusión del patrimonio histórico de una ciudad. Esta es la principal conclusión que se extrae de las jornadas ‘Las Murallas Medievales de Almería’, organizadas en la tarde de ayer por la Asociación Amigos de la Alcazaba y el Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades – Consejo Superior de Investigaciones Científicas, así como la colaboración de Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, que permitió que las ponencias se desarrollarán en el Centro Andaluz de Fotografía y que, previamente, se hiciera una visita guiada al Centro de Interpretación Patrimonial Puerta de Almería.

         Moderada por María Teresa Pérez, presidenta de la asociación de defensa del patrimonio más numerosa de toda la provincia de Almería, cuatro fueron las ponencias presentadas ayer, con la participación de Antonio Orihuela Uzal, Investigador de la Escuela de Estudios Árabes – CSIC; Pedro Gurriarán Daza, arquitecto restaurador; Jorge Lirola Delgado, profesor de árabe de la Universidad de Almería; y Lorenzo Cara Barrionuevo, arqueólogo medievalista.

         Antes de dar comienzo a las exposiciones, Pérez recordó algunos fragmentos del Manifiesto por las Murallas que Amigos de la Alcazaba presentó en el marco del Día Internacional de los Castillos el pasado año. “Las murallas y los sistemas fortificados representan uno de los legados patrimoniales más valorados por los ciudadanos de todos los lugares del mundo. Su contemplación nos recuerda que durante la mayor parte de la Historia la seguridad, la vida y la prosperidad de las personas y sus ciudades dependían de la protección de estas construcciones monumentales”. Sin embargo, recordó que “los lamentables precedentes que ya tenemos deberían constituir suficiente experiencia para saber que no podemos permitirnos destrozar, deteriorar ni desvirtuar más el corazón de nuestro patrimonio. Pedimos que cualquier actuación que se realice en todo este entorno del Barranco de la Hoya, entre a Alcazaba y las murallas del Cerro de San Cristóbal, tenga como prioridad absoluta el protagonismo de este patrimonio fortificado y el respeto a un entorno milenario por encima de cualquier solución arquitectónica”, concluyó.

Ponencias

La primera de las ponencias corrió a cargo de Jorge Lirola Delgado, profesor de árabe de la Universidad de Almería, que analizó las primeras referencias que se hacen de las murallas en textos de Al-Udri y Al-Himyari, situando a Almería como una torre vigía de protección de la población del interior que se encontraba en la zona de Pechina. También explicó la evolución de las murallas almerienses desde Abderramán III, con Jayrán, Zuhayr y los almorávides.

Lorenzo Cara Barrionuevo, arqueólogo medievalista, hizo hincapié en los sistemas constructivos tanto de las murallas, que nos indican las fases constructivas de las mismas. Así la técnica usada por Jayrán, rememora la tipología de las mismas murallas califales. También presentó  los numerosos interrogantes  sobre ese “cuarto” barrio, junto a las murallas del Cerro de San Cristóbal que queda  completamente expuesto a los posibles ataques.

Por su parte, Pedro Gurriarán Daza, arquitecto, que acaba de finalizar la restauración de la Torre del Saliente de la Alcazaba, profundizó en estos aspectos constructivos, concluyendo que la técnica tapial es la predominante en las fortificaciones medievales de Almería, que estaría incluso presente en la construcción de obras abaluartadas muchos siglos después, que la cantería escuadrada no vuelve a aparecer hasta tiempos de los Reyes Católicos y que las mamposterías son secundarias, asociadas muchas veces a reparaciones o reformas puntuales de algunos elementos. De igual forma, destacó que “queda mucho por estudiar, especialmente en los orígenes de la Alcazaba o los restos de las atarazanas”.

Por último, Antonio Orihuela, investigador del CSIC, expuso un jugoso resumen de los resultados del proyecto de investigación que acaba de concluir con estudios de Radiocarbono 14 realizados en las murallas y torres de la ciudad, estableciendo con bastante precisión las distintas épocas de los lienzos conservados. Desde las murallas de tapia de tierra de los primeros años, las tapias calicostradas posteriores, con mortero de cal fuera y tierra en su interior, “una forma de hacerla duradera con poco gasto”, analizando también las alturas y grosores.

Visita al ‘Puerta de Almería’

Una hora antes de las ponencias, los asistentes a la jornada realizaron una visita guiada, comandada por los mismos especialistas de la mesa redonda, al Centro de Interpretación Patrimonial ‘Puerta de Almería’, donde se conservan los restos más antiguos de la ciudad: las balsas de salazones de  época romana (siglos I al IV) y una parte de la muralla fundacional de la ciudad islámica. Este lienzo de muralla conservado en el enclave arqueológico Puerta de Almería pertenece al cinturón de muralla que cerraba la ciudad por el sur, es decir, el frente que daba al mar. La construcción de esta muralla data de mediados del s. X pero, por su situación, estará en uso durante toda la época islámica y cristiana, conservándose hasta el s. XIX en el que serán derribadas para abrir la ciudad al mar. En el tramo conservado existen los restos de una puerta que se abría entre dos torres cuadrangulares que protegían al entrada. Esta Puerta, que sólo se conserva a nivel de cimientos, medía 6 metros y dada la cercanía al lugar en el que se construían los barcos, algunos autores han interpretado que podría tratarse de la puerta de las atarazanas califales.

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