LA MURALLA DE JAYRÁN Y EL DEBATE SOBRE LA HERENCIA

El debate sobre la restauración de la muralla de Jayrán, que Amigos de la Alcazaba consideró como “ilegal” y un “atentado” contra nuestro patrimonio, continúa. Mientras esperamos que la Junta de Andalucía rectifique lo que ella misma consideró como una “actuación provisional”, en el resto de España se sigue poniendo como ejemplo de lo que no se debe hacer en restauración. En multitud de medios de comunicación de toda España la muralla de Jayrán ha sido considerada como un gravísimo atentado al patrimonio. Hace unos días en Cantabria, en “ELDIARIOMONTÉS” apareció un interesante artículo (que reproducimos a continuación) en que se dice expresamente que el empleo de acero corten en la muralla de Jayrán “contraviene la Ley de Patrimonio Histórico de la comunidad autónoma“. La pseudomodernidad de estas actuaciones se contrapone con reconstrucciones llevadas en diversos lugares reconocidos a nivel mundial y se concluye que a veces estas actuaciones son producto del “prurito del arquitecto por imponerse, por dejar su huella“.

La muralla de la vergüenza. Foto FVF

DEBATE SOBRE LA HERENCIA

La conservación del patrimonio ha de enfrentarse a la arbitrariedad y la intromisión del poder político

La línea del cielo de Bagan resulta espectacular. El perfil de cientos de ‘estupas’ y pagodas se recorta en el frondoso paisaje tropical que rodea esta ciudad situada en el corazón de Myanmar, la antigua Birmania. La mayoría de estas construcciones remite al periodo comprendido entre los siglos XI y XIII cuando la población era la capital de un imperio regido por el budismo theravada. Su riqueza monumental apabulla y, sin embargo, el lugar no ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Unesco, la entidad encargada de conceder tal estatus, alega en su contra que la Junta Militar gobernante ha llevado a cabo reconstrucciones de los templos utilizando materiales modernos y obviando su estilo original. Este caso no supone una excepción. El cuidado y la rehabilitación del legado arquitectónico aparecen a menudo guiados por la arbitrariedad, a pesar de toda la regulación aprobada y la existencia de organismos que velan por una preservación respetuosa con su identidad e historia.

 La conciencia conservacionista es reciente. A mediados del XIX, Eugène Viollet-Le-Duc reaccionó contra el proceso de deterioro que sufría el tesoro medieval francés promoviendo una estrategia de recuperación de su estado primigenio, lo que se vino en llamar la forma prístina. Los partidarios de dicha corriente, muy influida por el romanticismo neogótico, alegaban que, siguiendo una estrategia racional, se recuperaba la unidad de estilo con la que la obra fue concebida. Los detractores, además de lamentar la supresión de todas las aportaciones posteriores, argüían el peligro de idealización e, incluso, la posibilidad de añadir elementos ni siquiera previstos por su artífice, lo que propicia un fenómeno muy corriente conocido como los falsos históricos. Esta línea de pensamiento fue asumida por John Ruskin, acérrimo defensor de la conservación y respeto a la evolución de la construcción, como si se tratara de un ser vivo que evoluciona físicamente. La postura ecléctica de Camillo Boito resolvió la polémica. Su tesis discriminaba la posible actuación en función de la antigüedad del objeto de estudio. Sus postulados animaron la reunión de especialistas decididos a redactar documentos técnicos y científicos destinados a proporcionar pautas homogéneas para la intervención. La Carta de Atenas de 1931 fue la primera aportación en este sentido, una iniciativa seguida por la firmada en Venecia en 1964. El artículo 3º de esta última señalaba que la conservación y restauración habían de velar por la salvaguarda tanto de la aportación artística como del testimonio histórico.

La consideración en torno al diseño original ha seguido alimentando el debate, en el que destacan teorías pragmáticas como la impulsada por Steven Semes, que propugna el respeto a la cultura de la construcción, es decir el mantenimiento en el tiempo del uso de los mismos materiales y técnicas, o más ideológicas, como la preconizada por Antón Capitel, defensor de una supervivencia del edificio a partir de su planteamiento conceptual más que material.

 Recursos

 Paralelamente a esta evolución teórica, la restauración y rehabilitación del patrimonio se ha ido dotando de recursos técnicos y metodológicos. Un año después de la firma de la Carta de Venecia se creó el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), una entidad interdisciplinar encargada de proponer candidatos a la lista del patrimonio reconocido por Unesco y realizar el seguimiento de los mismos tras su aprobación. «Asesoramos a un organismo político garantizando que la doctrina y los criterios sean de expertos», explica Rosa Suárez-Inclán, presidenta de su comité español. «Pero la realidad es que en esta materia las autoridades de turno influyen todo lo que pueden para evitar que primen los criterios independientes y desinteresados.

A pesar de que la legislación interna no puede soslayar la norma expresada en los tratados internacionales aprobados, a su juicio todas las instituciones, desde las centrales a las autonómicas y locales, recurren a subterfugios para llevar a cabo sus pretensiones. «Los arqueólogos, los historiadores y los juristas poco tienen que decir», lamenta. «Nunca había sido la situación tan mala como ahora».

 El panorama internacional presenta actuaciones de todo tipo. La catedral de Cristo Salvador en Moscú es uno de los ejemplos de reconstrucción más recientes y asombrosos por su ambición. Obra cumbre del arquitecto neobizantino Konstantin Ton, fue erigida en 1883, y dinamitada por los comunistas en 1931. La pretensión de levantar en el solar el Palacio de los Soviets, el edificio más grande del mundo, nunca pudo ser realizada. Tras la caída del régimen, el nuevo Gobierno procedió a reconstruirlo a partir de los planos de su creador dotándola de toda la magnificencia posible. El templo ortodoxo más grande del mundo fue reinaugurado en el 2000.

La plaza de la ciudad vieja de Varsovia, visitada este verano por los Amigos de la Alcazaba

 Suárez-Inclán alega la existencia de casos excepcionales que apelan al orgullo comunitario y que explican operaciones tan ambiciosas. Además del templo ruso, menciona la reedificación de la abadía de Montecasino, la primera fundación benedictina, arrasada durante la Segunda Guerra Mundial, o el casco antiguo de Varsovia, que remite al siglo XVII y también fue devastado durante la misma contienda. La Frauenkirche, la iglesia luterana de Dresde conocida como ‘la campana de piedra’, concitó un intenso debate entre quienes afirmaban que su reconstrucción enmascaraba la creación de una mera réplica y aquellos que apelaban al valor sentimental como parte esencial de una ciudad martirizada. «Las excepciones se admiten», indica. «Puede ser una respuesta a un atentado contra la identidad o una lección frente a la barbarie».

Los Budas de Bamiyan no han corrido tanta suerte. Los gigantes fueron destruidos por los talibanes en 2001 y los problemas de inseguridad y, sobre todo, el alto coste de cualquier operación de recuperación disuaden a los promotores, aunque Icomos se ha empeñado en recuperar los fragmentos. Curiosamente, los mismos motivos económicos, que no políticos, arriesgan la supervivencia del área arqueológica de Mes Aynak, también en Afganistán.

 Casos en España

 En España, la función social de la arquitectura ha condicionado la evolución de la teoría en los últimos años del siglo XX. La recuperación de numerosos edificios ha venido acompañada de su adecuación a fines administrativos o culturales, procesos que tampoco han escapado a la polémica, caso de la inclusión del claustro de los Jerónimos en la ampliación del museo del Prado. Recientemente, la restauración de la muralla de Jayrán en Almería ha generado una amplia repulsa por la utilización de piezas de acero para sustentar dos torres. El empleo de estos materiales contraviene la Ley de Patrimonio Histórico de la comunidad autónoma, que reclama el uso de materiales y procedimientos tradicionales.

 Sin duda, los trabajos de rehabilitación en el Teatro Romano de Sagunto, a cargo de Giorgio Grassi y Manuel Portaceli, constituyen el episodio más polémico en los últimos tiempos. La intervención en la escena y el graderío con la aplicación de revestimientos de mármol dio lugar a un escándalo de grandes dimensiones. «Fue una operación pésima», afirma Suárez-Inclán. «Los arquitectos involucrados atentaron contra los principios internacionales. ¿No se podía haber restaurado sin dañar? Parece que siempre ganan los mismos».

 El patrimonio arquitectónico de una urbe no está sólo formado por sus construcciones, sino también por su característica silueta. Esa propiedad intangible es igualmente objeto de preservación. El perfil sevillano remite a la Edad Media y está presidido por la Giralda, pero los futuros 178 metros de la torre ideada por César Pelli lo subvertirá definitivamente. «Es un error porque cambiará la imagen de la ciudad».

 La lista de agravios planteada por la presidenta de Icomos repasa la historia del arte español. La concienciación sobre la necesidad de preservar nuestras joyas en piedra parece no tener una respuesta adecuada de las diferentes administraciones y menciona al respecto el riesgo que sufre el prerrománico asturiano, los restos medievales en el entorno pirenaico o los vestigios musulmanes de Murcia. La pugna más enconada remite de nuevo al País Valenciano. En su capital, la ampliación de la avenida Blasco Ibáñez ha llevado a intentar derribar el barrio modernista de El Cabanyal, una medida que ha suscitado fuerte oposición trasladada al ámbito judicial.

 También menciona otro fenómeno habitual, sobre todo por la iniciativa privada, que consiste en rehabilitar desde la recreación o la conversión de residencias barrocas en asépticas construcciones con ínfulas minimalistas. «Hay que modernizar sin destruir el carácter del edificio», alega. «No sólo falta imaginación, sino que a veces, vence el prurito del arquitecto por imponerse, por dejar su huella»”

PUBLICADO POR “ELDIARIOMONTAÑES” (09/09/2011)

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